jueves, 4 de abril de 2013

De la ficción a la realidad y vuelta


R
econozco que siempre me han gustado las películas de gangsters. Desde las antiguas en blanco y negro, hasta las más modernas, como las geniales Uno de los nuestros o Casino, donde Martin Scorsese muestra la violencia de las bandas mafiosas en toda su crudeza. Mas entre todas las películas del género, me quedo con la trilogía de El Padrino, a pesar de que -o acaso precisamente por ello- en estos filmes el magistral Francis Ford Coppola presenta a los despiadados mafiosos de tal manera que le hace sentir a uno empatía hacia ellos, hasta el punto de que los crímenes cometidos por la familia Corleone parecen menos inicuos que los perpetrados por las bandas rivales. La música, la atmósfera que rodea a los personajes y, en definitiva, la forma en la que se representa la inmensidad del poder de los capos supongo que es otro de los atractivos. ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con ser el gran Michael Corleone a quien da vida de un modo soberbio Al Pacino?
            Mas si hoy traigo a colación este tema no es para hablar de lo que se ha dado en llamar la erótica del poder ni para explayarme sobre mis gustos cinematográficos, sino porque en esas películas Coppola no sólo nos sumerge más o menos románticamente en el universo de la mafia italoamericana, sino que también pone de relieve las conexiones entre ésta y otras esferas del poder, como la política, la empresarial o la religiosa. Y aunque Coppola no muestra nada que no se supiera antes, recuerdo que  cuando vi cada una de estas películas por primera vez, me imaginé que la realidad debía de ser similar, un complejo entramado de relaciones de poder donde no se sabía muy bien quién era quién: políticos, empresarios, clérigos, mafiosos… En un rápido viaje de la ficción a la realidad, los gangsters habían dejado de ser esos tipos con traje de rayas y típica pinta de gangsters de las viejas películas para esconderse tras la máscara del respetable hombre de negocios, la perenne sonrisa del servidor público o la sotana del siervo de Dios.
            Hace unos días, sin embargo, al observar las fotos publicadas por el periódico El País en las que aparece el actual presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, junto al narcotraficante Marcial Dorado en el yate de éste, me ocurrió justo lo contrario que al ver las películas de El Padrino. Allí estaban, hace casi 20 años, el político gallego, entonces alto cargo en el área de Sanidad, y el contrabandista, a la sazón dedicado al tráfico ilegal de tabaco, en meiba, gozando de un paseo en barco, bañándose en las aguas de la ría de Vigo, disfrutando de un insólito día soleado bajo el cielo de Galicia y rápidamente, casi sin darme cuenta, viajé de la realidad a la ficción, de la realidad del yate de Marcial Dorado a la ficción de las películas de Coppola.

martes, 2 de abril de 2013

Wert, la filosofía y la vida eterna


S
i algo debemos agradecer los profesores de filosofía al ministro Wert es haber conseguido poner de moda nuestra secular disciplina, aunque sea a fuer de maltratarla. Y es que nunca antes de la anunciada intención wertiana de cercenar la filosofía en los planes de estudio de ESO y Bachillerato, había tenido la filosofía tanta presencia en los medios de comunicación, donde últimamente proliferan artículos de destacados filósofos y autoridades de otros campos del saber en defensa de la filosofía, de la necesidad de que ésta siga formando parte de la enseñanza obligatoria y, lo que a mi juicio es más importante, reivindicando la importancia de filosofar, como actividad radical y crítica desde la que poner racionalmente en cuestión todo. Tanto revuelo se ha armado que parece que hasta en Estados Unidos se han hecho eco del malestar de la filosofía en España. Sólo así se entiende que, en lo que sin duda es un apoyo encubierto a la filosofía española, el filósofo John Martin Fisher de la Universidad de California cuente con la friolera cantidad de cuatro millones de euros -han leído bien, cuatro millones de euros- para dirigir un proyecto de investigación que tiene por objeto estudiar si puede existir la vida eterna. Como lo oyen, metafísica pura con apoyo contante y sonante. Y digo yo que si en el PP son tan aficionados a emular a los usamericanos, el ministro Wert ya podría tomar recortes y destinar algún dinerillo a fomentar la filosofía en las tierras patrias, comenzando por el necesario para que la filosofía se quede en los planes de estudios de secundaria al menos como está ahora y, por qué no, financiando algún que otro proyecto de investigación filosófica aunque no sea tan ambicioso.

lunes, 1 de abril de 2013

A vueltas con la moderación salarial


E
l presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Juan Rosell, evoca cada día más a su predecesor, el inefable Gerardo Díaz Ferrán, quien, no nos cansaremos de recordarlo, mientras se dedicaba a hundir empresas y a llevarse a Suiza millones de euros que no eran suyos, insistía en que para salir de la crisis es necesario que los trabajadores curren más y cobren menos. Y es que Rosell no desperdicia la ocasión de emular a Díaz Ferrán, y cuando no aboga por ligar los salarios a la productividad, apuesta por la tristemente célebre moderación salarial, otra de las recetas mágicas del neoliberalismo para superar la crisis y frenar la destrucción del empleo. Y esto lo dice justo en un momento en que salen a la luz diversos informes que revelan que en España el incremento de la pobreza es doble: no sólo aumenta el número de pobres sino que éstos son cada vez más pobres, mientras los ricos son cada vez más ricos, por supuesto. Para colmo, tal incremento de las desigualdades no es achacable únicamente al paro, pues también hay empleados que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, es decir, personas que trabajan, pero cobran tan poco que, literalmente, no salen de pobres. Así que en lugar de repetir el mantra de la moderación salarial, mejor haría Rosell en abogar por la igualación salarial -de la distribución igualitaria de la riqueza, sin más, hablamos otro día-, que ya está bien de que mientras unos tienen sueldos millonarios otros no lleguen ni a mileuristas. 

sábado, 23 de marzo de 2013

De robos y corralitos


U
n fantasma recorre Europa y, desde luego, no se trata de aquel que señalaran Marx y Engels en su famoso manifiesto, al menos de momento. Se trata de otro espectro que preocupa casi por igual a todos los ciudadanos, al menos a todos los que aún tengan dinero en el banco: el fantasma del corralito. El corralito ha llegado a Europa por Chipre y amenaza con extenderse por el Viejo Continente empezando por los países del sur. Y de nada sirve que nuestros dirigentes nos digan que eso es impensable que ocurra en España, porque tampoco era posible que ocurriera en ningún país de la Unión Europea (UE) y lo cierto es que ha ocurrido. Los chipriotas, ya saben, no pueden disponer con libertad del dinero que han depositado en los bancos hasta que no se aclaren las condiciones del rescate. La troika exige que a cambio de los 10.000 millones del rescate, los chipriotas aporten otros 5.800 millones que habrían de ser retirados de los depósitos bancarios, lo cual es percibido como un robo que deja indefensos a un montón de trabajadores que ahora ven cómo parte de sus ahorros se esfuman por la gracia de las entidades bancarias, por lo que el gobierno de Chipre anda buscando una alternativa para reunir los 5.800 millones de euros.
            Ciertamente es una injusticia que parte del dinero ahorrado por las familias chipriotas se lo lleve la deuda contraída por los bancos, pero, para ser justos, también hay que decir que no todo el dinero que está depositado en los bancos de Chipre procede de los ahorros de los trabajadores chipriotas. Y es que Chipre, ahora lo hemos sabido, es un paraíso fiscal en el seno de la UE, que ha servido para que los especuladores depositen allí su dinero habida cuenta de la baja fiscalidad y la alta rentabilidad de los depósitos, mientras que en el resto de la UE se pagan más impuestos y se obtienen menos beneficios. Y como todo paraíso fiscal, ha servido también para el blanqueamiento de capital de origen dudoso, que es el eufemismo utilizado cuando se sabe que procede de actividades ilícitas pero no se quiere decir.
            Así las cosas, el corralito de marras se vuelve más complejo de lo que en principio cabría pensar. Más aún cuando la quita afectaría sólo a los depósitos superiores a 100.000 euros, pues aunque es posible que haya trabajadores honrados que tengan más de esa cantidad en los bancos, tengo para mí que la inmensa mayoría de los currantes no dispone de unos ahorros tan boyantes. Y es que no hace falta ser ninguna lumbrera de la economía para darse cuenta de que quienes cuentan con elevadas sumas de dinero en los bancos de Chipre se han estado beneficiando de las condiciones que han llevado a dichos bancos a la situación actual. Por lo demás, tampoco creo que los trabajadores españoles deban estar demasiado preocupados por esta situación, más allá del dinero que les pueda costar en virtud de la contribución de España a solventar la situación. Mucho más preocupante resulta, sin duda, el hecho de que en el último trimestre del año 2012 los salarios se hayan reducido un 4.3 por ciento con respecto al mismo período del año anterior, lo cual seguramente no será un corralito, pero desde luego es un robo en toda regla.

martes, 19 de marzo de 2013

La Unión Europea y el Departamento


E
n cierta ocasión conocí a un profesor de instituto que gustaba de examinar a los alumnos sin previo aviso. Cuando los estudiantes protestaban, éste siempre daba la misma y contundente respuesta: “Comprendo su disconformidad con los exámenes sorpresa, pero no se trata de una decisión que haya tomado yo sino el Departamento”. Algo similar es lo que ocurre con la Unión Europea, que sirve a nuestros gobernantes como pretexto perfecto para no dar explicaciones a la ciudadanía cada vez que se toman medidas que recortan su ya deteriorado, si es que no inexistente, bienestar. Al profesor se le acabó el argumento cuando los alumnos se enteraron de que el Departamento era unipersonal. A nuestros gobernantes se les acabó la credibilidad desde que trataron de endosar la responsabilidad de sus medidas impopulares a las instituciones europeas. ¡Como si España no formara parte de esas instituciones y no participara en la toma de decisiones! 

lunes, 18 de marzo de 2013

Torturas por la democracia


C
uando se van a cumplir 10 años del comienzo de la guerra de Irak en la que España participó por la gracia de Aznar, nos enteramos de que soldados españoles practicaron torturas a personas detenidas mientras duró el conflicto. Al menos eso es lo que revela el vídeo publicado ayer en la edición digital de El País. Si las imágenes se demuestran verídicas, tendremos un mérito más que añadir a la tan cacareada marca España de la que tanto gusta presumir en el partido que hoy, como entonces, nos gobierna. Si Estados Unidos tiene su Guantánamo, España no iba a ser menos. Mas la vergüenza nacional que ahora sentimos no es sólo por lo ocurrido, si es que ocurrió, sino por el hecho de que ello fuera posible sin que nadie lo supiera y sin que trascendiera hasta este momento. Y es que resulta difícil creer que nadie, en los años del gobierno de Aznar ni en los posteriores del ZuperPresidente, supiera nada de lo que allí había pasado. Ojalá se demuestre que el vídeo es un montaje y nos podamos quedar todos más tranquilos. Mas si no es así y se prueba que hubo tortura, quienes tampoco han de preocuparse demasiado son los presuntos torturadores, ya que si el ministro de Justicia, el moderadísimo Alberto Ruiz Gallardón, fue capaz de indultar a unos Mosso’s de Esquadra que habían sido condenados por torturar a un hombre, qué no hará por unos soldados que lucharon valientemente por la democracia y los derechos humanos.  

viernes, 15 de marzo de 2013

También la jueza


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ace unos días les comentaba que la afirmación de Jorge Fernández Díaz, según la cual el vídeo del Servicio Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) no aporta nada nuevo al siniestro suceso ocurrido el pasado diciembre en aguas de Lanzarote, es más propia de un aficionado fanático de un equipo de fútbol que de un ministro del Interior. Y es que las imágenes, publicadas por la Cadena Ser, muestran con claridad que la patrullera de la Guardia Civil arrolla a la embarcación en la que viajaban los inmigrantes, lo que ocasionó la muerte de uno de ellos y la desaparición de otros seis. Sin embargo, y por muy elocuente que nos pueda resultar la grabación, la jueza instructora del caso, basándose en el informe del perito judicial, el testimonio del testigo de la Guardia Civil (los inmigrantes que sobrevivieron no pudieron testificar porque fueron rápidamente expulsados de España) y el vídeo del SIVE, dictó un auto en febrero en el que atribuye la responsabilidad exclusiva del accidente al patrón de la patera. Lo me lleva a pensar que acaso el fanático sea yo, que veo en las imágenes lo que no muestran, o que la jueza y el ministro son del mismo equipo.   

jueves, 14 de marzo de 2013

Chávez, ¿un dictador?


L
a muerte de Hugo Chávez ha ocasionado un gran ruido mediático y político a este lado del Atlántico. Si en lo político la tónica general ha sido la de la corrección diplomática, en lo mediático lo que más ha abundado es, como era de prever, la descalificación del fallecido dirigente de Venezuela, a quien se ha tildado más de dictador o caudillo que de presidente de una república democrática. Resulta obvio que en la biografía política de Chávez hay más de un borrón, empezando por el fallido golpe de Estado que protagonizó en los años del caracazo y terminando por su afición a entablar amistades con lo peorcito de la escena política internacional bajo el pretexto del principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países y en una clara puesta en práctica de los postulados del realismo político. Mas todo ello y algunos defectos más no lo convierten en un dictador.
            Y es que desde un punto de vista procedimental, el ascenso de Chávez al poder, así como su permanencia en el mismo, fue siempre siguiendo las reglas básicas de una democracia representativa, a través de procesos electorales tan legítimos como cualquiera, tal como atestiguan los observadores internacionales. Así que, al menos en lo que respecta a este punto, nada hay que objetar a Chávez, ni mucho menos se le pueden dar lecciones de democracia. Sobre todo cuando los que pretenden impartirlas son precisamente los que corrieron a celebrar el fallido golpe de Estado que el presidente electo sufrió en el año 2003. Quienes tengan memoria recordarán que Pedro Carmona, a la sazón presidente de la patronal venezolana, con el apoyo de un grupo de militares, se autoproclamó presidente de Venezuela. Y recordarán también cómo las élites políticas y mediáticas de Canarias y de España se apresuraron a apoyar al golpista Carmona que iba a traer nada menos que la democracia a Venezuela. Claro que el golpe falló y luego cada uno salvó la cara como pudo, en un alarde más de desvergüenza.  
            Mas como en alguna otra ocasión he señalado, la democracia, para ser tal, no sólo ha de ser procedimental sino que también tiene que ser sustantiva. Porque una democracia sólo tiene su razón de ser en tanto que garante de los derechos humanos y éstos no son sólo los civiles y políticos, sino también los derechos económicos, sociales y culturales. Y si atendemos a esta dimensión de la democracia, debemos reconocer los avances conseguidos por la revolución bolivariana, toda vez que en los años en los que gobernó Chávez la pobreza se redujo en Venezuela en un 50 por ciento, según un informe de 2011 elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que es una de las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas. Así que a Chávez se le podrá reprochar no haber erradicado la pobreza, que lo hecho no es suficiente para construir una sociedad igualitaria, que una democracia genuina ha de ser más participativa, incluso que su forma de gobernar es autoritaria y su retórica excesiva e histriónica. Pero lo que no se puede hacer, en rigor, es llamarlo dictador ni dejar de reconocer los logros democráticos y sociales alcanzados en Venezuela en los últimos 14 años.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Un ministro 'ultra'


L
as declaraciones de Jorge Fernández Díaz con respecto al vídeo del Servicio Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) en el que se aprecia cómo la patrullera de la Guardia Civil arrolla a una patera en la costa de Lanzarote parecen más propias de un ultra de un equipo de fútbol que de un ministro del Interior. El incidente que costó la vida de una persona y la desaparición de otras seis ocurrió el pasado mes de diciembre y, desde entonces, la versión oficial del Gobierno insiste en atribuir la responsabilidad de los hechos al patrón de la embarcación en la que viajaban los inmigrantes. Ahora, y pese a las imágenes ofrecidas por el SIVE y publicadas por la Cadena Ser, Fernández Díaz ha vuelto a ratificar la versión oficial y ha afirmado, ¡en el Congreso!, que las imágenes no aportan nada nuevo. Igualito que un ultra cuando repite una y otra vez que una mano dentro del área propia de un jugador de su equipo que todo el mundo ve menos él y los ultras como él no es penalti. Este fanatismo, sin estar bien, es tolerable en una discusión de bar o en una pseudotertulia televisiva de fútbol, pero que el ministro del Interior niegue lo que cualquiera que haya visto el vídeo puede apreciar es inadmisible. Ya veremos qué dice el juez, que aunque no pueda contar con los testigos ya que, gracias a las diligencias de Interior, fueron rápidamente expulsados del país, sí tiene a su disposición la esclarecedora grabación.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Si esto es una crisis o una estafa


D
esde que comenzara la crisis, allá por el año 2007, que se dice pronto, la mayor parte de los ciudadanos hemos ido padeciendo un proceso de constante empobrecimiento. Quien no ha perdido su trabajo ha sufrido recortes salariales, incrementos en su jornada laboral o las dos cosas. La solución a la crisis, por supuesto, siguen pregonando los próceres políticos y empresariales, pasa por la aplicación de la receta que el ex presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), el inigualable Gerardo Díaz Ferrán, no se cansara de repetir: hay que trabajar más y cobrar menos. Una receta que este maestro de la gestión empresarial que llevó a la quiebra a un montón de empresas al tiempo que se llevaba a Suiza unos cuantos millones de euros no se aplicó nunca a sí mismo. Como tampoco se la aplican los que se sientan en los distintos consejos de administración de las empresas del Ibex 35, quienes en 2011 optaron por subirse sus millonarios sueldos un 5 por ciento, a pesar de que los beneficios de las grandes compañías para las que trabajan menguaron un 34 por ciento. A la espera del dato correspondiente a 2012, y mientras tenemos que aguantar la insistencia del actual presidente de la patronal, Juan Rosell, en que hay que ligar los salarios a la productividad, me pregunto si todavía hay alguien que crea que esto es una crisis y no una estafa.

lunes, 4 de marzo de 2013

Los moderados del PP


E
l día en que José María Aznar, en un alarde de talante democrático, designó a Mariano Rajoy como su sucesor al frente del Partido Popular, no pocos fueron los que señalaron que el nuevo presidente del PP representaba al ala moderada del partido. Y cuando Rajoy formó gobierno, unos cuantos años más tarde, se volvió a insistir en que los elegidos para ser ministros se caracterizaban por ser de ideas y actitudes moderadas. Mas unos meses en el Gobierno sirvieron para desengañar a los pánfilos que salieron de su candidez al ver cómo los moderadísimos nos golpean a todos un día sí y otro también con su contundente moderación.
            Y es que, además de la moderada contundencia con la que el Gobierno aplica la ortodoxia liberal en el plano económico, de la mano del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, que han conseguido, entre otros logros, que el número de parados alcance los seis millones y que el fraude fiscal se dispare, hemos tenido que sufrir la moderación del muy moderado ministro de Educación José Ignacio Wert, quien muy moderadamente pretende implantar un sistema educativo neofranquista. Y ahí no acaban las moderaciones, porque el ultramoderado ministro de Justicia y ex alcalde de Madrid, el más moderado de todos los moderados, no contento con sus polémicas leyes de tasas judiciales y del aborto, se dedica a otorgar indultos tan moderados como el concedido a los cuatro Mosso’s de Esquadra  que habían sido condenados por torturar a un hombre.    
            Tras quince meses de moderaciones, ahora le toca el turno, de nuevo, al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Éste era moderadísimo antes de ser ministro, cuando ejercía de tertuliano en la Cadena Ser, pero la verdadera esencia de su moderación salió a la luz con la muy moderada gestión que llevó a cabo del 25-S y sus felicitaciones a la policía por sus moderados excesos. Y por si alguien no tuviera claro cuán moderado es nuestro ministro, éste ha querido despejar dudas con unas declaraciones sobre el matrimonio entre homosexuales, el cual, según el moderado ministro, no puede gozar de la misma protección que el matrimonio entre heterosexuales porque, atención al descubrimiento, ¡no garantiza la supervivencia de la especie! Ya sólo falta que alguien proponga a Fernández Díaz, este Charles Darwin del siglo XXI, como candidato al Premio Nobel de Medicina por sus hallazgos en materia de reproducción humana, lo que no resultaría tan descabellado si tenemos en cuenta que a Barack Obama le concedieron el de la Paz. Mientras esto ocurre, sólo espero que en el PP sigan mandando los moderados, porque da miedo pensar cómo serán los ultras.



sábado, 2 de marzo de 2013

El esPerPento, que no cesa


E
l esperpento del gobierno del PP no parece tener límites. Si hace unos días hablábamos de los pensamientos marxistas -de Groucho, claro- de Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, hoy no salimos de nuestro asombro al escuchar las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien ayer señalaba que no sabe ni cuántos funcionarios tiene España en el exterior, ni cuántos edificios ni quién hace qué: ¡Alucinante! Imaginamos que la culpa de tamaño disparate la tiene el gobierno soecialista anterior, porque si Miguel Ángel Moratinos o Trinidad Jiménez, sus antecesores en el cargo, sí conocían esos datos, Margallo ha tenido más de un año para preguntárselo, así que seguro que ellos tampoco lo sabían, pero nunca nos lo dijeron. Y claro, lo que no averiguaron los soecialistas en tantos años, no lo iba a poder hacer el bueno de Margallo en tan sólo 15 meses. Se comprende así que en el PP, que es el partido del Gobierno, no se sepa nada del exterior, lo que implica que tampoco se sabe cuánto dinero cuesta el despliegue de edificios y de funcionarios, ni tampoco cuántos euros se ahorró el Estado con los recortes en los salarios a los funcionarios. Y hablando de euros y del exterior: ¿sabrá el Gobierno cuántos de los funcionarios de su partido tienen cuentas en el exterior o no le consta? El esPerPento, que no cesa.

viernes, 1 de marzo de 2013

Antisistema


E
n estos tiempos de crisis económica, social y política, de crisis total, vaya, el término antisistema aparece con frecuencia en la boca o la pluma de políticos profesionales, empresarios, periodistas, analistas, intelectuales y demás gente dada a realizar comentarios sobre la tremenda situación que estamos padeciendo la mayor parte de nosotros. Tanto es así que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) lo recogerá en su vigésima tercera edición, tal como figura en el avance que se puede consultar en Internet. Y aunque según el DRAE la palabra de marras es un adjetivo, suponemos que calificativo, bien podríamos considerarlo, a tenor del uso que de él hace la mayoría de quienes lo emplean públicamente, como un adjetivo descalificativo. Y es que el vocablo antisistema se emplea a menudo como sinónimo de violento o antidemocrático para arrojarlo sobre aquellos a quienes se pretende descalificar.
            Según el DRAE, antisistema significa “contrario al sistema social o político establecidos”, tal como cualquiera podría inferir, sin necesidad de ser académico. Como se observa con facilidad, la violencia o la democracia no aparecen por ningún lado. Y si damos por buena la definición de la Real Academia, por más que ésta deba establecer la definición de las palabras a partir del empleo que de ellas hacen los usuarios de la lengua, no podemos sino preguntarnos de dónde surge entonces ese sentido perverso con el que muchos utilizan el término antisistema. La clave radica en limitar la descalificación de antisistema sólo a aquellos que se oponen al orden establecido allí donde existe una democracia representativa. De este modo, quien se opone al sistema, se opone a la democracia y lo de violento le cae por añadidura, pues quien no es democrático, no respeta la voluntad de los demás y trata de imponer la suya por la fuerza, es decir, violentamente.
            La argumentación sería plausible si se aplicara sólo a aquellos partidarios, por las razones que fuese -más bien sinrazones- de implantar un régimen dictatorial, pero pierde todo su sentido cuando quienes se oponen a la democracia tal como está implantada hoy, lo hacen porque consideran que adolece de demasiados déficits que la vuelven, paradójicamente, antidemocrática. Pues quienes hacen suya la tesis de que sin justicia no hay democracia, porque la democracia implica la igualdad política y ello no es posible sin igualdad económica y social, quienes suscriben la tesis de que democracia significa que cada uno ha de poder participar directamente en la toma de decisiones públicas que le afectan, son ciertamente antisistemas, pero en ningún caso habrán de ser tomados por antidemocráticos ni por violentos. Antes al contrario, son ellos, los antisistemas que reclaman más libertad, más igualdad, más justicia, en definitiva, más democracia, quienes podrían acusar a los pro sistema de violentos y antidemocráticos, toda vez que apuestan por un sistema cuyas carencias democráticas se revelan cada día con más claridad y cuya violencia es patente a la luz de las tremendas injusticias que promueve.

jueves, 28 de febrero de 2013

Marx en el PP


U
n fantasma recorre Génova: el espíritu de Marx, que ha venido a adueñarse de la cúpula del PP. Ya ven, tan serios, tan formales y, al final, han terminado por abrazar el marxismo. Prueba de ello son las ininteligibles declaraciones de la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, quien afirmara hace unos días que Luis Bárcenas fue despedido en abril de 2010, pero que como se pactó una indemnización en diferido ha habido que pagar las cotizaciones a la Seguridad Social correspondientes a la simulación de sus retribuciones. Si alguien lo entiende, por favor, que nos lo explique. Claro que Cospedal sólo sigue la senda abierta por su jefe, Mariano Rajoy, quien con la lucidez y claridad que nos tiene acostumbrados ya dijo hace un par de semanas que lo contenido en los papeles de Bárcenas es una total y absoluta falsedad, menos lo que es cierto, que es lo publicado en los medios. Marx en estado puro. Groucho Marx, por supuesto, pero con mucha menos gracia.

martes, 19 de febrero de 2013

Las recomendaciones de la OCDE


L
a Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es uno de esos organismos internacionales de dudosa legitimidad que se dedica a dar recomendaciones, tanto a los países miembros como a los que no lo son, sobre las políticas que deben ser implementadas en aras de la buena marcha de la economía. Con el pretexto de estimular el crecimiento económico, la OCDE lleva a cabo una suerte de apología del neoliberalismo, cuyos resultados, más allá de si alcanzan el pretendido objetivo del crecimiento de la economía, suelen ser bastante perjudiciales para los más desfavorecidos de la sociedad en los países más ricos, no digamos ya en los más pobres. Y es que por más que su objetivo declarado sea “promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo”, lo cierto es que las políticas de marras por lo general consiguen mejorar las condiciones de vida de las élites económicas en perjuicio del resto.
            Una muestra de cómo pretende la OCDE fomentar el bienestar económico y social la constituye el último informe anual presentado en Moscú el pasado viernes, en especial, por la parte que nos toca, las recomendaciones a España. Entre las diversas perlas ofrecidas por su secretario general, Ángel Gurría, cuyo salario lo desconozco pero lo presumo astronómico, se halla la receta mágica para los tiempos de crisis: la moderación salarial. Según Gurría, en España es necesario suprimir la extensión legal de los convenios colectivos y ajustar los salarios a las condiciones económicas del momento. La propuesta de Gurría no puede sino causar indignación, toda vez que los salarios ya se han reducido de hecho tanto en el sector privado como en el público, mientras que quienes se sientan en el consejo de administración de cualquiera de las grandes empresas españolas tienen unos ingresos anuales de cientos de miles de euros cuando no superan el millón. Y no contento con su propuesta de ajustar los salarios -ya sabemos de quiénes- a las condiciones actuales, Gurría insistió en que las prestaciones por desempleo sólo se deben abonar a quienes busquen activamente un trabajo. ¡Como si de repente en los últimos años millones de personas hubieran decidido dejar de trabajar para irse a cobrar el paro!
            El informe de la OCDE presentado por Gurría tampoco dejó bien parado al sistema educativo español ni, por extensión, a los profesionales de la enseñanza. Y es que según Gurría, el bajo nivel de la educación española, tanto secundaria como universitaria, incide negativamente en el empleo, pues hace que los trabajadores sean poco competitivos. Y desde luego hay que reconocer que el sistema educativo admite mejoras, empezando por aquella que consiste en no cambiar el marco legal cada vez que un partido político se hace con el gobierno, pero no será tan malo cuando nuestros titulados universitarios son demandados en países con economías tan competitivas como Alemania.

viernes, 15 de febrero de 2013

Boutade nogueroliana


A
segura José María Noguerol, en un elogio de la figura de Eugenio Trías tras su reciente fallecimiento, que éste es “el único filósofo español de los últimos cien años” porque Ortega no pasó de ser un “periodista bienpensante -sic-, con ambición de sistema filosófico, pero incapaz de construirlo.” Y digo yo que para elogiar a Trías no hay por qué desmerecer al resto de los filósofos españoles que en el último siglo ha habido; que Ortega tiene bien ganado su reconocimiento como filósofo, con sistema o sin él, como lo tienen igualmente, por citar unos cuantos, José Gaos, Adolfo Sánchez Vázquez, Xavier Zubiri, José Luis L. Aranguren, Javier Muguerza, Victoria Camps, Celia Amorós y muchos otros de quienes, sin duda, Noguerol habrá oído hablar alguna vez.

jueves, 14 de febrero de 2013

Parodias


E
l gran Francisco Ibáñez llevó a cabo la mejor parodia conocida de la central de inteligencia de Estados Unidos cuando creó la T.I.A., la esperpéntica agencia en la que prestan sus servicios los celebérrimos Mortadelo y Filemón. En el mundo real, que es en el que creemos vivir, los agentes de la C.I.A. han tenido que vérselas, al menos mientras duró la guerra fría, con sus homólogos soviéticos del K.G.B., mientras que en el universo imaginario de Ibáñez, los más acérrimos enemigos de los agentes de la T.I.A no son otros que los de la agencia rival: la A.B.U.E.L.A. Ibáñez se adelantó a su tiempo al no parodiar al K.G.B., pues en cierto sentido vislumbró antes que nadie que rusos y estadounidenses acabarían formando parte del mismo bando. Mas para que el K.G.B. no se quedara sin su álter, el bueno de Luis Bárcenas, suponemos que por puro romanticismo, se encargó de parodiar a la agencia soviética al fundar en el PP la K.JA.B. Y lo hizo al más puro estilo de las agencias de espionaje, es decir, de la manera menos transparente posible.
            En el  PP parecen haberle cogido el gusto a las parodias. Muestra de ello son las declaraciones de su presidente, también presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien, en un nuevo alarde de opacidad, hizo de sí mismo la parodia de Kant, al afirmar que ha incumplido sus promesas, pero ha cumplido con su deber. En efecto, Kant afirmaba que lo constitutivo de la moral es el deber, de ahí que, en su opinión, sólo actúa moralmente quien lo hace por deber, pues ni siquiera es suficiente actuar conforme al deber para cumplir con la obligación moral. Y el principal deber de todo ser humano es, para Kant, tratar siempre a la humanidad como un fin, y nunca sólo como un medio, pues a su juicio, y también al nuestro, los seres humanos son fines en sí mismos, es decir, son seres que dotados como están de razón tienen autonomía y por tanto dignidad. Y el recto Mariano, más kantiano que nadie, dice haber incumplido sus promesas para así cumplir con su deber. Lo que no dice es por qué el cumplimiento del deber le ha exigido incumplir sus promesas, como tampoco explica cómo casa el cumplimiento de su deber con el continuo ataque del Gobierno a la dignidad de las personas, las cuales más que fines en sí resultan meros medios para los fines de la clase politicapitalista.
            Mas la mayor de las parodias llevadas a cabo esta semana por la farándula política ha tenido lugar en el Congreso de los Diputados, auténtica parodia de un parlamento democrático. Y es que si en ese lugar es donde se supone que está representada la soberanía nacional, la cual reside en el pueblo español según la Constitución, no se entiende cómo es posible que allí haya tenido lugar una comparecencia a puerta cerrada. Menos aún cuando el compareciente de turno no es otro que el mismísimo Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. ¿Dónde quedan los derechos fundamentales a la información y a la libertad de expresión, pilares de cualquier sistema digno de ser tenido por democrático? 

martes, 5 de febrero de 2013

¿Contra la política y la democracia?


R
ecientemente comentaba el hecho de que la ciudadanía se halle cada vez más lejos de la denominada, a su pesar, clase política, por mor de los continuos casos de corrupción que afectan a las élites de los grandes partidos y, sobre todo, a causa del deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos. Sin embargo, y por más que debamos considerar la corrupción como algo estructural en las democracias contemporáneas, ello no debe confundirse ni con el alejamiento de los ciudadanos de la política ni con el rechazo de la democracia, pues ni la primera ha de identificarse con la clase política ni la segunda con el modelo de democracia liberal representativa del que disponemos, cuya asociación con el capitalismo, por lo demás contradictoria, es el origen de la corrupción estructural que padecemos casi todos y de la que disfrutan unos cuantos.
            A pesar de que muchos desengañados pretendan renegar de la política cuando dicen no ser ni de derechas ni de izquierdas o se tildan a sí mismos de apolíticos, tengo para mí que la cuestión no es tan sencilla, puesto que si entendemos la política como la actividad mediante la cual los seres humanos regulan y organizan la cosa pública, difícilmente a alguien le dé igual cómo se organice la sociedad en la que vive, pues de ello depende su propia forma de vida. Parafraseando al filósofo José Luis L. Aranguren, quien señalara con acierto que el ser humano puede ser moral o inmoral, pero en ningún caso podría se amoral, pues la libertad inherente a su naturaleza lo hace ser constitutivamente moral, podemos nosotros decir ahora que en ningún caso se puede ser apolítico, pues al individuo, en tanto que ser social, en tanto que zoon politikon, no le pueden resultar indiferentes los asuntos de la polis, pues él mismo es miembro de la sociedad, por lo que los asuntos de la misma son sus propios asuntos.
            Cosa distinta es que se reniegue de los partidos o de la clase política, pero ello no convierte a nadie en apolítico, puesto que tal rechazo es ya de suyo una decisión política. Y la abominación de marras tampoco ha de confundirse con el denuesto de la democracia, pues si la democracia tal como la conocemos hoy es estructuralmente corrupta, ello no debe llevarnos a abogar por ninguna suerte de totalitarismo, ya que los regímenes totalitarios constituyen la corrupción en sí misma toda vez que por definición atentan contra la dignidad de las personas. Antes al contrario, de lo que se trataría ahora es de defender la democracia buscando formas más genuinas, lo que sin duda pasa por la instauración de mecanismos horizontales en los procesos de toma de decisiones públicas, para que los individuos sean verdaderamente ciudadanos y se tornen en los auténticos protagonistas de la política, así como por una distribución igualitaria de la riqueza. Y es que la democracia consiste en el autogobierno de los ciudadanos y ello no es posible cuando unos son ricos y otros son pobres.

miércoles, 30 de enero de 2013

La perversión de los 'contrafácticos'


L
as últimas declaraciones de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, con respecto a los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada hace unos días muestra una vez más la afición de nuestros gobernantes a los contrafácticos. Y es que según la ministra, a pesar de que en España haya casi seis millones de parados y de la grave recesión económica por la que atraviesa el país, el Gobierno está implementando las medidas necesarias para salir de la crisis y, seguidamente, crear empleo. Medidas estas en las que Báñez incluye la reforma laboral, como si de una medida de gran éxito se tratara. El sentido común y la lógica más elemental nos dicen que la reforma de marras sólo ha servido para facilitar el despido de cientos de miles de trabajadores, pero la ministra invierte el argumento por la vía del contrafáctico y señala que si no se hubiese llevado a cabo la reforma laboral, la destrucción de empleo habría sido mucho mayor.
            El término contrafáctico no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) de la lengua, pero, en mi modesta opinión, debiera estarlo. Ello es así porque, si nos atenemos a la teoría del significado desarrollada por Ludwig Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas, el significado de las palabras viene dado por el uso que los hablantes hacen de las mismas, y resulta claro que el palabro tiene un uso lo suficientemente extendido y consolidado, al menos entre los filósofos y científicos sociales, quienes han dedicado no pocas páginas a esta cuestión, como para ser recogido en el DRAE. Como se echa de ver, contrafáctico cobra su significado por oposición a fáctico, a lo acontecido, a lo que es un hecho, de manera que un contrafáctico vendría a estar constituido por todo aquello que sin haber ocurrido podría haberlo hecho, es decir, aquello que sin formar parte de la realidad presente o pasada, forma parte, en cambio, de la realidad posible, de la que pudiera acontecer o, incluso, de la que podría haber ocurrido.
            Los contrafácticos, que  toman la forma del razonamiento de Báñez en el que el antecedente es falso, son pues de suma importancia en el campo de la lógica, por las implicaciones que tienen de cara a las reglas del razonamiento. Mas son asimismo de la máxima relevancia en el ámbito de la ética, pues si no dispusiéramos de ellos entonces estaríamos sometidos al imperio de los hechos en el peor sentido de la expresión, es decir, todo lo acontecido habría ocurrido por necesidad y, lo que es peor, todo lo que está por ocurrir seguiría la misma lógica fatalista. Sólo desde una perspectiva contrafáctica podemos intervenir en el curso de los hechos y aspirar a la construcción de un mundo mejor. Sin embargo, el uso que los gobernantes hacen de ellos es a todas luces perverso, pues están orientados a justificar sus decisiones impidiendo toda crítica posible, mediante el tramposo y contrafáctico argumento de si no hubiésemos hecho lo que hicimos, la situación sería muchísimo peor, de manera que, hagan lo que hagan, siempre actúan correctamente. Lo que, por descontado, es indemostrable, además de falso. 

martes, 22 de enero de 2013

La corrupción estructural


Q
ue la ciudadanía está cada vez más alejada de la clase política no es ningún secreto ni, a estas alturas -acaso debiéramos decir bajuras-, debería sorprender a nadie, habida cuenta del deterioro de las condiciones de vida de la mayor parte de los ciudadanos y de los indignantes casos de corrupción vinculados a los grandes partidos políticos que un día sí y otro también ocupan las portadas de los distintos medios de comunicación. Sin embargo, cada vez que algún analista se aviene a hacer algún comentario sobre la corrupción de la clase política, ya sea en una tertulia radiofónica, en un debate televisivo o mediante un artículo de opinión, enseguida aparece alguien, cuando no es el propio analista, que se apresura a señalar que no se puede generalizar y que la mayor parte de los políticos son personas honestas, que su dedicación a la política tiene que ver ante todo con una vocación de servicio público y que, en definitiva, por el hecho de que haya unos cuantos políticos corruptos no se puede colgar a todos la etiqueta de la corrupción.
             Este tipo de argumentaciones en contra de las generalizaciones indebidas en materia de corrupción son cada día más difíciles de sostener. Desde luego, no albergo muchas dudas con respecto a que existan personas honradas que hayan decidido dedicarse activamente a la política, mas ello no me impide pensar que la corrupción en política es algo generalizado, como prueba el hecho de que en todos los grandes partidos políticos hay casos de corrupción en los que están implicadas las élites de los mismos. Para nuestra desgracia, las hemerotecas están llenas de casos, recientes y más lejanos en el tiempo, de corruptelas que implican a las élites políticas en todos los niveles de la administración pública. Y aunque no es cuestión de rememorarlos todos, sí quisiera recordar algo que fue noticia antes de que estallara la crisis, en los primeros años de la década de 2000, y que muestra hasta qué punto la corrupción es ciertamente un fenómeno mucho más generalizado de lo que se quiere reconocer: el hecho de que los bancos condonaran deudas a todos los grandes partidos políticos.
            Alguna razón ha de haber para que los bancos, que no perdonan un céntimo a nadie, los mismos que ordenan los desahucios sin que les tiemble el pulso a sus dirigentes, den un trato diferenciado a los partidos políticos, pues sabido es que nadie da duros a cuatro pesetas y los bancos menos. Lo que nos lleva a pensar que independientemente de si existen o no políticos honestos, la corrupción en la política es algo estructural, pues los partidos son de por sí estructuras corruptas que no tendrían la más mínima oportunidad de participar en la encarnizada lucha por el poder si no acudieran a prácticas deshonestas, ya que las cuotas de sus afiliados se revelan a todas luces insuficientes para financiar el funcionamiento ordinario de los partidos, no digamos ya en campaña electoral, que requiere ingentes cantidades de dinero. Y así las cosas, la honestidad personal de los políticos es lo de menos, pues es el propio sistema el que se revela corrupto.
           
            

jueves, 18 de octubre de 2012

Incontinencia verbal y talante democrático


E
n Quebec, Canadá, se han llevado a cabo varios referendos para que la población de esta región francófona se pronuncie sobre su independencia en la más absoluta normalidad democrática; en estos días el primer ministro británico, David Cameron, ha firmado un acuerdo con el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, para que en 2014 se celebre un referéndum y que sean los escoceses quienes decidan si se erigen en un estado independiente o se mantienen dentro del Reino Unido; en España, en cambio, ni el Gobierno ni el principal partido de la oposición parecen estar dispuestos a permitir que en Cataluña tenga lugar un referéndum y que sean los catalanes quienes decidan si se independizan o no. Y por más que el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, insista en que no se pueden establecer paralelismos entre Escocia y Cataluña porque los ordenamientos jurídicos del Reino Unido y de España son diferentes, tengo para mí que la gran diferencia radica en el talante democrático de los gobernantes españoles y británicos: Cameron, que no es lo que se dice un abanderado del progresismo, entiende perfectamente que la decisión deben tomarla los escoceses; el Gobierno español, en cambio, se cierra en banda y ni siquiera admite que los catalanes se pronuncien.
               Así las cosas es normal que la tensión vaya in crescendo en uno y otro lado. Y lo que desde luego no ayuda al diálogo racional, si es que ello es posible, son los excesos lingüísticos del ministro Wert, quien parece haberse empeñado en sustituir a Esperanza Aguirre no al frente de la Comunidad de Madrid, por supuesto, sino como número uno en la lista de políticos con mayor incontinencia verbal. Tanto es así que la propia Aguirre ha salido a la palestra y ha secundado las célebres palabras de Wert con las que éste expresara hace unos días su idea de lo que ha de ser la educación en Cataluña: “Nuestro interés es españolizar a los niños catalanes”, dijo el ministro, en lo que, más allá del revuelo suscitado, parece una mala estrategia por parte de Wert, pues si lo que pretende es españolizar a los niños catalanes, implícitamente reconoce que tales niños no son españoles, pues, de lo contrario, no tendría sentido españolizarlos, con lo que, suponemos que sin querer, el ministro estaría dando la razón a aquellos catalanes que consideran que ni ellos ni sus hijos son españoles.
            Pero Esperanza Aguirre, que no parece estar dispuesta a que Wert le arrebate por las buenas su bien ganado título de incendiaria verbal número uno, no se quedó ahí, sino que dejó claro que la idea de españolizar a los niños catalanes no es de Wert sino de la consejera de Educación de Cataluña, Irene Rigau, y que, en cualquier caso, la educación no puede consistir en manipular sino en instruir, es decir, enseñar a los niños a leer, sumar y la historia verdadera de España que, según Aguirre,se remonta a 3000 años atrás. Y todo ello en un acto en la campaña electoral de Galicia cuando se cumple una década del desastre del Prestige. El patinazo de Aguirre es comprensible, porque en su disputa por el título, Wert había llamado extremistas de izquierdas y antisistemas a los alumnos de secundaria que están en huelga en contra de los recortes en educación y a los padres que la apoyan no enviando hoy a sus hijos a los centros docentes, y, claro, Aguirre no se iba a quedar atrás. Una muestra más del talante democrático de los políticos que nos gobiernan y de los que han dejado de hacerlo. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Un anarquista (pijo) en la Audiencia Nacional


H
ay que ver lo que está dando de sí mediáticamente una manifestación que, según los más conservadores, fue un rotundo fracaso. Me refiero, claro está, a la del 25-S, a propósito de la cual estamos siendo testigos de enfrentamientos de todo tipo en el seno de las más altas instituciones del Estado. La verdad es que la expresión “las más altas instituciones del Estado” da hasta miedo porque parece como si estuviéramos hablando de un ente abstracto y omnipotente, casi como Dios, pero en el más acá. Mas dejémonos de digresiones y vayamos a lo que íbamos: en relación con el 25-S hemos podido asistir al enfrentamiento de políticos contra políticos, jueces contra jueces y, finalmente, jueces contra políticos, amén de las disputas dialécticas que pueda haber habido entre los ciudadanos, pero esos, ya se sabe, no forman parte ni de las más altas instituciones del Estado ni de nada.
            En un principio, lo comentábamos en la anterior entrega de LUCES DE TRASNOCHE, hubo un acuerdo generalizado entre los miembros de la clase política a la hora de mostrar su disconformidad con la manifestación (lo de Cayo Lara es aparte porque, ya lo decíamos, pretende ser diputado sin formar parte de la clase política), si bien es cierto que a los más progresistas tal desacuerdo no les impidió expresar su rechazo a la violencia policial, mientras que los PoPulares elogiaron la labor de las fuerzas de seguridad del Estado. ¡Mi madre, cómo suena eso! Ahí empezaron las discrepancias. Al tiempo que unos criticaban la desproporcionalidad de la policía, otros la felicitaban, empezando por el propio ministro del Interior, Jorque Fernández Díaz, quien, por cierto, al felicitar a la policía es casi como si se felicitara a sí mismo, puesto que se supone que los agentes cumplen las órdenes de la delegada del Gobierno en Madrid, quien, a su vez, obedece al ministro. Y las discrepancias entre políticos podrían haber quedado ahí, si no fuera porque a la mencionada delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, con la locuacidad, que no elocuencia, que la caracteriza, no se le ocurrió otra cosa que proponer que se modulara el derecho de manifestación. Menos mal que tal ataque a los derechos fundamentales no fue bien acogido ni entre los miembros de su partido, al menos de momento.
            El otro enfrentamiento al que nos referíamos es el que ha tenido lugar entre los magistrados. Y es que tanto el director general de la policía, Ignacio Cosidó, como la delegada del Gobierno, que por supuesto no son jueces, no han cejado en su empeño de que se juzgue en la Audiencia Nacional por delitos contra el Estado a los 34 manifestantes detenidos. Sin embargo, desde la Audiencia Nacional, el juez Santiago Pedraz no consideró que hubiera indicios de un delito de esta magnitud, por lo que a los detenidos se les tomó declaración en un juzgado de instrucción de Madrid. Y hete aquí que la jueza, a sabiendas de que el juez Pedraz había rechazado que fuese competencia de la Audiencia Nacional, se inhibe y traslada el caso a dicha instancia porque entiende que sí hay indicios de delito contra el Estado. Lo que va a pasar con respecto a tal inhibición de la jueza está por ver, aunque el auto con el que el juez Pedraz ha archivado el caso abierto contra los ocho promotores del 25-S deja lugar a pocas dudas. Y es que el juez no sólo señala que la convocatoria de la manifestación no es constitutiva de delito alguno y está amparada por el derecho fundamental a la libertad de expresión, sino que insiste en que no se puede “prohibir la expresión de opiniones subjetivas sobre acontecimientos históricos o de actualidad, máxime ante la convenida decadencia de la denominada clase política”.
            El varapalo dado por el auto de Pedraz al Gobierno y su alusión a la decadencia de la clase política no han sentado nada bien a los PoPulares, y aunque la mayoría ha expresado su tradicional respeto por las decisiones judiciales, otros no han podido contenerse y han arremetido contra Pedraz. Es el caso del portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, quien se mostró indignado –se intercambian los papeles- y llamó al juez, suponemos que a modo de insulto, “pijo ácrata”. Ya ven, lo dice Hernando, tenemos un anarquista en la Audiencia Nacional. Y ojalá sea cierto, porque, convendrán conmigo, pijo o no es lo de menos, esto sería más motivo de celebración que de pesadumbre.           

martes, 2 de octubre de 2012

Reacciones al 25-S


P
asó el 25-S y, que se sepa, seguimos disfrutando, acaso debiéramos decir padeciendo, la misma democracia que teníamos el 24 de septiembre. Mas ello no debe hacernos pensar que la manifestación fuera un fracaso, pues si bien es evidente que ni se ha disuelto el Parlamento ni se ha iniciado ningún proceso constituyente, y que nuestro sistema sigue adoleciendo de los mismos déficits democráticos, lo cierto es que tanto por el número de asistentes como por la repercusión mediática de la manifestación, se puede afirmar que la convocatoria tuvo un notable éxito. Y es que las imágenes de lo acaecido el 25-S en Madrid han dado la vuelta al mundo y han provocado el sentimiento de indignación en cientos de miles de ciudadanos que se desahogan en las redes sociales al tiempo que expresan así su solidaridad con los manifestantes.
            Que las imágenes del 25-S en Madrid hayan sido retransmitidas por televisión es algo que no ha gustado nada al presidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, otro demócrata de toda la vida, quien no ha dudado en mostrar su malestar calificando las retransmisiones de auténtico “disparate”, no porque no sea partidario de la transparencia, dice, sino porque “incitan a manifestarse”. De lo que se desprende que Mayor Oreja entiende que en una sociedad democrática lo peor que pueden hacer los ciudadanos es manifestarse, salvo que éstos estén tutelados por el Foro de la Familia y el cardenal Rouco Varela, veladores de las esencias patrias y del espíritu de la tradición nacional. Y aunque la verdad es que las declaraciones de Mayor Oreja ya no sorprenden a nadie, no dejan de causar cierta perplejidad, pues francamente no se sabe qué es peor, si que a Mayor Oreja le moleste que los ciudadanos se manifiesten o que pretenda sustraerles su derecho a estar informados sobre los acontecimientos de interés público.
            Las declaraciones de marras constituyen sólo un ejemplo de la manera en que la denominada clase política reacciona ante las críticas y las protestas de la ciudadanía. Y es que ya antes de que tuviera lugar la manifestación, algunos como Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular y presidenta de Castilla-La Mancha, tuvieron la desvergüenza de comparar una manifestación pacífica que fundamentalmente reivindicaba más democracia con el golpe de Estado del 23-F. Desde las filas del Partido Popular, sin llegar siempre a estos extremos, no se ha parado de elogiar el trabajo de la policía el día de la manifestación, trabajo que consistió, básicamente, en ejercer una represión brutal sobre unos ciudadanos que, en su inmensa mayoría, se manifestaban pacíficamente. Tampoco quienes militan en partidos supuestamente de izquierdas se han mostrado demasiado ecuánimes, pues si bien la mayoría ha expresado su rechazo a la violencia policial, en general también han estado disconformes con una manifestación que, dicen, incompresiblemente ponía en la piqueta a los representantes, sin excepciones, de la soberanía nacional. Pero el que sin duda se lleva la palma entre los izquierdistas es Cayo Lara, coordinador federal de Izquierda Unida, quien no sólo estuvo un rato en la manifestación, sino que aseguró no pertenecer a la clase política, que es como ser el dueño de un banco y decir que no se es banquero.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Ardor independentista



D
ecía Marx que todas las grandes transformaciones sociales tienen su origen en las contradicciones que se dan en un determinado momento histórico entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. A su juicio, los cambios que se producen en la base real de la sociedad, la estructura económica, generan  a su vez la tranformación de la gran superestructura ideológica, la cual está conformada por todo el mundo de los valores, la moral, la religión, pero también por el Estado y el derecho y, en definititiva, por todos esos elementos que aun siendo intangibles forman parte de la realidad social. Esta afirmación marxiana, obviamente, no deja muy bien parada a la idea de subjetividad ni a la de un hombre autónomo y dueño de sí mismo, de ahí que quienes seguimos reivindicando la libertad del individuo no podamos estar de acuerdo con Marx en este punto. Sin embargo, no hace falta ser marxista para reconocer que las variaciones en las condiciones materiales de existencia pueden traer consigo cambios en las formas del pensamiento, habida cuenta de que nuestras ideas están indefectiblemente ligadas a nuestros intereses.
            Es por ello que la crisis económica que venimos padeciendo hace años, que es ya una crisis social, bien puede terminar convirtiéndose en una crisis política. Y acaso los últimos acontecimientos en la esfera geopolítica debieran ser entendidos en esta perspectiva, pues la emergencia del independentismo en Cataluña no es ajena a las dificultades económicas por las que pasan las instituciones catalanas, las cuales se traducen en el progresivo deterioro de las condiciones sociales de vida. Resulta irónico que el auge del independentismo haya tenido lugar precisamente ahora que gobiernan los mismos que en tiempos del ZuperPresidente no se cansaron de repetir que los soecialistas se habían propuesto conseguir la desintegración de España, nada menos. Claro que, bien pensado, la culpa es de Zapatero, pues si éste no le hubiera dejado a Rajoy una herencia tan calamitosa, la situación económica de España no sería tan crítica y, en buena lógica seudomarxista, el independentismo no habría aflorado de esta forma tan candente.
            Tal ardor independentista ha hecho que más de un analista se rasgue las vestiduras y, con el pretexto de solidarizarse con esa parte de Cataluña que quiere seguir formando parte de España, haya arremetido contra esa otra parte que reivindica la independencia. Y la cuestión podría debatirse democráticamente si no fuera porque un amplio sector de la sociedad española, constituido mayormente por quienes se sienten representados por el Gobierno del PP y  por no pocos votantes del PSOE, considera que el asunto de la independencia de Cataluña debiera ser decidido por todos los españoles. Y eso es sencillamente inaceptable. Porque una cosa es que cada uno pueda tener su opinión sobre un posible Estado catalán, y otra que corresponda a todos los españoles decidir sobre si Cataluña se independiza de España o no, del mismo modo que si una mayoría social en Canarias optara por la independencia, no se aceptaría que la decisión tuviera que tomarla el conjunto de los españoles.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Hollande, de la esperanza a la indignación


C
uando el pasado mes de mayo François Hollande se hizo con la presidencia de Francia, se generaron no pocas expectativas entre la progresía española con respecto a la posibilidad de que surgieran nuevas alternativas para salir del atolladero económico, lo cual serviría para que a España se le diera un respiro, se suavizaran los recortes y, en suma, el coste de la dichosa crisis se distribuyera de un modo más justo. Cuatro meses más tarde sabemos que el contrapeso del progresismo francés al conservadurismo alemán no ha servido para que Europa dé un golpe de timón que cambie el rumbo de las políticas económicas y sociales. Y el ajuste de 30.000 millones de euros que acaba de anunciar el presidente galo no hace sino dar la razón a los más escépticos, aquellos que pensaban que era un error depositar la esperanza del cambio en el que era conocido como el menos socialista de los socialistas franceses.  
            Para ser justos, hay que reconocer a Hollande la valentía de obligar a las clases más pudientes, siquiera sea por esta vez, a soportar el mayor peso del ajuste, pues dos tercios de los 30.000 millones se obtendrán de la subida de impuestos a las rentas más altas. Pero eso, no nos engañemos, no arregla el problema a la inmensa mayoría de los franceses, la clase media, que es, como en cualquier país europeo, la que verdaderamente está viendo cómo se deterioran sus condiciones de vida hasta el punto de que se corre el riesgo de su desaparición como clase. No digamos ya para las personas de las clases más desfavorecidas, a quienes les ha tocado, también en Francia, la peor parte, pues ya se sabe que la crisis se ceba con los más pobres. Entre estos últimos se encuentran los inmigrantes gitanos de origen rumano, quienes lamentablemente son los protagonistas involuntarios de la razón por la que las acciones gubernamentales de Hollande hayan pasado de generar la esperanza inicial y el desencanto posterior a provocar directamente indignación.
            Y es que al muy progresista gobierno francés no se le ha ocurrido mejor idea que proseguir con la execrable política de repatriaciones forzosas iniciada por el inefable Sarkozy en 2010, que no otra cosa es el desmantelamiento de los poblados gitanos y el traslado de sus habitantes anunciado por el ministro del Interior galo, Manuel Valls, el pasado miércoles en Bucarest. Y aunque la medida ha llevado a Amnistía Internacional a denunciar la expulsión ilegal de 15.000 gitanos rumanos residentes en Francia, cuenta, ¡ay!, con el apoyo de la mayoría de los votantes socialistas. De esta guisa el gobierno francés da la sensación de confundir la lucha contra la pobreza con la lucha contra los pobres, quienes parecen ser el enemigo de una Francia en la que cuesta reconocer los principios del republicanismo y los derechos humanos, de una Francia que otrora inspirara a los movimientos revolucionarios y emancipadores de todo el mundo y sin embargo hoy, una vez más, renuncia a los valores universales del humanismo para abrazar la barbarie.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿Generación ni-ni?


S
egún el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 24 por ciento de los jóvenes españoles ni estudia ni trabaja, lo que los convierte en integrantes de eso que más despectiva que descriptivamente se ha dado en llamar generación ni-ni. Pertenezco a una generación que en su día fue llamada la generación X, no sé muy bien por qué, y aunque nací en el 69, supongo que eso no tiene nada que ver, pese a que no puedo asegurarlo. Lo que sí sé es que mi generación también fue tildada como la generación del pasotismo por aquellos que durante mucho tiempo, y aun hoy, presumían de haber luchado contra el franquismo y por la democracia, olvidando que Franco murió tranquilamente en su cama, a punto de cumplir 83 años y siendo jefe del Estado, al tiempo que nos acusaban a nosotros de inmovilistas y de ser incapaces de luchar por nada.
            Nosotros, a los que creo que injustamente se nos trató de pasotas, también fuimos un día la generación mejor formada de nuestra historia y por ello mismo la generación del desencanto. Y es que siendo como éramos los hijos de Mayo del 68 y de la Transición, se nos prometió un futuro mejor que el de nuestros padres, acudimos masivamente a la Universidad y al salir nos encontramos con un desolador mercado laboral que algunos hemos venido padeciendo hasta hoy. Es por ello que me niego a hablar de generación ni-ni y me indigna ver cómo personas de mi propia generación lo hacen con un cierto aire de superioridad, como si la madurez consistiera en arremeter contra la juventud.
            Entre todos esos jóvenes que ni estudian ni trabajan sin duda los habrá que son responsables de su propia situación, pero tengo para mí que la gran mayoría es sencillamente víctima de las condiciones sociohistóricas que le ha tocado vivir. Pues a pesar de que quienes disponen de un empleo acorde a su formación y por ende gozan de una cierta posición social tienden a pensar que es gracias a su esfuerzo, lo cierto es que el mayor de sus méritos consiste en haber nacido en el mundo desarrollado. Por lo demás, si tal como reza el informe de la OCDE los jóvenes que ni estudian ni trabajan son el 24 por ciento, entonces el 76 por ciento de ellos o trabaja o estudia o hace las dos cosas, con lo que a la expresión generación ni-ni le sobra precisamente la palabra generación, ya que la inmensa mayoría de tal generación no es ni-ni. Y muchos de ellos no sólo no son ni-ni sino que tienen una muy alta cualificación y, sin embargo, se encuentran sin la menor posibilidad de acceder a un empleo digno, tal como les ha ocurrido a los cientos de miles de españoles, más de 37.000 canarios, que desde que empezó la crisis se han marchado al extranjero a  buscar trabajo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

La educación diferenciada


C
uando hace unos meses Mariano Rajoy formó gobierno tras obtener la mayoría absoluta con menos de la mitad de los votos, paradojas de la democracia representativa, no pocos fueron los que señalaron que el nuevo presidente había sabido seleccionar como ministros a los más moderados del Partido Popular, entre los cuales se encuentra el muy moderado José Ignacio Wert. Tan moderado es Wert que él solito se ha enfrascado en una disputa con el Tribunal Supremo a cuenta de la denominada educación diferenciada. Y es que en dos sentencias del Supremo, cuyos miembros deben ser unos radicales comunistoides, se señala que los colegios que practican la segregación por sexo no pueden recibir fondos públicos porque discriminan. Y ante tal exceso de rojerío, Wert, haciendo gala de su moderación, no sólo afirmó inmediatamente que los colegios que llevan a cabo la separación de marras no discriminan, sino que acaba de asegurar que así mismo quedará recogido en la nueva ley de educación que está preparando el Gobierno.
            El verbo discriminar significa, según el Diccionario de la Real Academia Española, “seleccionar excluyendo”, en una primera acepción, o “dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”, en la segunda y última acepción recogida por el DRAE. Y si damos por buena la definición académica, entonces queda claro que la educación diferenciada discrimina, al menos si nos ceñimos a la primera acepción, pues en un colegio en el que sólo se admiten alumnos de un mismo sexo, se selecciona a éstos y se excluye a todos los demás. Otra cosa es que tal discriminación se haga porque se considere que los miembros de un sexo sean superiores a los del otro. Mas si atendemos al argumento esgrimido por los defensores de la educación diferenciada según el cual la razón última de la diferenciación es que los alumnos de sexos distintos tienen ritmos de aprendizaje distintos e incluso capacidades intelectuales diferentes, entonces no podemos sino concluir que también desde la perspectiva de la segunda acepción del verbo discriminar, la educación diferenciada es discriminatoria.
            Tal discriminación es sencillamente inaceptable, tal como ha puesto de manifiesto el Tribunal Supremo. Lo es porque una sociedad que pretende sustentarse sobre los principios de libertad e igualdad, al menos en teoría, no puede permitir que se dé un trato tan claramente discriminatorio a las personas en función de su sexo en ningún ámbito de la vida social, menos aún en la educación si se persigue que ésta contribuya realmente a la integración de los individuos y a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. Y si esto es así, entonces la cuestión no debería ser si los colegios que discriminan pueden ser sufragados con fondos públicos, porque sencillamente no habrían de tener cabida en un país que presume de democrático y de ser respetuoso con los derechos humanos, por más que el moderado Wert asegure que la nueva ley de educación recogerá expresamente que los colegios que practican la educación diferenciada no discriminan, que es como decir que en los colegios que sólo aceptan a niños no se impide el acceso a las niñas, o viceversa.





miércoles, 5 de septiembre de 2012

El final del verano


A
unque oficialmente el verano no acaba hasta el 20 de septiembre, para muchos de nosotros lo que verdaderamente marca el final del período estival, como cuando éramos niños, es el término de las vacaciones, la vuelta de los chiquillos al colegio y, cómo no, el inicio de la liga. Vuelve el fútbol y con él la rutina de todos los años, tan distinta a la de los meses veraniegos. El verano se va y deja, igual que siempre, un cierto halo de tristeza y desazón ante la obligación de retornar a los quehaceres habituales. Esto al menos es lo que pensaba uno antes de enterarse de que, según se afirma en un informe elaborado por la empresa de recursos humanos Randstad, este año el número de trabajadores con depresión postvacacional se ha reducido un 14 por ciento en el conjunto de España y un 31 por ciento en Canarias.
            ¿Pero qué está pasando para que la gente vuelva al curro con tanta alegría? ¿Será que por fin nos hemos europeizado y ya no vemos en el trabajo un castigo divino sino una virtud? Las respuestas a estas preguntas debemos hallarlas, como para casi cualquier fenómeno sociológico de la actualidad, en la dichosa crisis. En alguna ocasión hemos señalado que esta crisis, que como bien apunta el periodista Ernesto Ekaizer  es más bien una estafa, ha servido para inculcar aún más la ideología del capitalismo. Hasta el punto de que donde antes miles de personas se sentían indignadas ante su situación de mileuristas, ahora se congratulan de tener un empleo aunque sus condiciones laborales hayan empeorado sensiblemente. Y es que no es lo mismo volver al curro cuando uno cree tener su puesto asegurado que con la incertidumbre de si todavía tiene cómo ganarse la vida, pues en esta nueva situación, el regreso al trabajo, para quien todavía dispone de un trabajo al que regresar, se torna más en motivo de celebración que de pesadumbre.
            Sea como fuere el verano toca a su fin y, la verdad, amén de las vacaciones que, unos más y otros menos, la gente haya podido disfrutar, tampoco hay demasiadas razones para entristecernos con el retorno a la rutina. En efecto, en estos dos meses las malas noticias no han hecho sino sucederse unas a otras: desde los incendios de nuestros montes al retiro de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes, pasando por el anuncio sin anunciar, al más puro estilo Rajoy, de un rescate que ya parece inevitable, el paro que no afloja, la caza de brujas en RTVE, la subida del IVA que supuestamente no afecta a las Islas y sin embargo hace que se encarezcan los precios… Y así las cosas y pese a que el otoño no se presente muy halagüeño, antes bien todo lo contrario, acaso lo más conveniente sea refugiarse en la rutina del trabajo diario, el que pueda, y en la liga, aunque tengamos que soportar que Cristiano Ronaldo, pobrecito, se encuentre triste.